Sobre nosotros
La Leyenda de Sa Llimonera: Un Viaje a Través del Tiempo
Cada casa tiene un alma, una historia susurrada en sus paredes, y la nuestra no es la excepción. Cuando nos preguntan por el origen de Sa Llimonera, no podemos evitar sonreír, porque su pasado es tan rico y sorprendente como las historias que hemos vivido en ella.
Compramos esta casa a finales de 1999, justo en el cambio de siglo. Los documentos oficiales la fechaban alrededor de 1800, pero al comenzar la reforma, descubrimos algo mucho más profundo. La parte de la casa que hoy es el dormitorio de la planta baja fue, en sus orígenes, la vivienda principal, un pequeño refugio que databa de un tiempo anterior, quizás incluso del siglo XVII.
Con el tiempo, la casa creció. Se amplió y se transformó en una bodega bulliciosa, un celler de vinos. La puerta que ahora parece un adorno en el recibidor, mirando a la izquierda, era la entrada a la vivienda del bodeguero. Las paredes de la planta baja contaban la historia de una vida dedicada al vino, con pequeños habitáculos y nichos. Durante la reforma, tuvimos que derribar muchas de esas divisiones, pero hicimos todo lo posible por conservar el alma original de la casa, manteniendo el precioso empedrado de la entrada que todavía hoy pisáis.
Nuestra mayor sorpresa llegó al descubrir que las vigas del forjado intermedio estaban en muy mal estado. Al quitarlas, la casa se abrió a nosotros de una manera espectacular. Por un instante, solo quedaban las paredes maestras y la escalera, y nos encontramos en un espacio majestuoso, con un techo a casi siete metros de altura. Era como estar en el interior de una catedral, impresionante y conmovedor. Aunque nos rompió el corazón, tuvimos que rehacer el forjado para poder convertirla en una vivienda habitable.
La historia de la casa está marcada por un gran incendio. Las llamas, en algún momento de su historia, consumieron parte de la estructura, obligando a sus habitantes a reconstruirla. Después de ese desastre, el celler fue heredado por una mujer soltera y sin familia. Ella, agradecida con su costurera de toda la vida, le dejó la casa como herencia. Tras la costurera, la casa pasó a su hijo, un hombre conocido en el pueblo por su apodo: “Sereno”. Así, esta casa se hizo conocida como "Cas Sereno", la casa de Sereno.
Tiempo después, otro pequeño incendio se desató en la planta superior. Si miráis con atención la ventana de piedra de la primera habitación de arriba, veréis que las marcas de hollín todavía oscurecen la piedra. Es un recuerdo mudo de un momento dramático, un eco del pasado que se ha negado a desaparecer.
Pero de todas las historias que nos han llegado, hay una que es el corazón de esta casa. En el jardín, justo donde estáis ahora, se alza un viejo limonero. Hay algo en este árbol que conecta a todo el pueblo. Varios vecinos se han acercado a nosotros para contarnos que un antepasado suyo fue quien lo plantó. Cada uno con su historia. Quizás haya habido varios limoneros a lo largo del tiempo, o quizás este árbol, con su sabiduría silenciosa, simplemente ha estado aquí siempre, viendo pasar las vidas y las historias de quienes han habitado este lugar.
Nuestra Historia en Sa Llimonera: Vivir el Sueño
Para nosotros, esta casa siempre ha sido más que un edificio; ha sido el escenario de nuestra vida. La compramos en diciembre de 1999, y con ella, nuestros hijos, de 8 y 6 años, conocieron su primera gran libertad. En nuestro piso de Palma nunca habían salido solos a la calle. Aquí, en el pueblo, los dejábamos ir al horno a comprar "suizos", unos bollos blandos con azúcar crujiente que les encantaban. Era un ritual de independencia, y lo que más les gustaba era la sensación de poder ir solos.
La primera noche que pasamos aquí es inolvidable. La obra estaba terminada, pero la electricidad aún no estaba conectada. Les compramos unas linternas de Pikachu para que no tuvieran miedo en la oscuridad. Su mayor preocupación no era la falta de luz, sino cómo calentarían su leche por la mañana sin un microondas. En realidad, teníamos un hornillo, pero para ellos, la leche solo existía si salía del microondas. Para celebrar esa primera noche, compramos unos cuencos especiales para sus cereales, que aún guardamos. Mi hijo mayor eligió uno con animalitos y el pequeño, cómo no, uno de Mickey jugando al fútbol.
A medida que ellos crecían, la casa crecía con nosotros. Cada cuatro o cinco años, ahorrábamos para hacer una nueva reforma. Así, poco a poco, Sa Llimonera fue adaptándose a nuestra familia. Uno de los mayores proyectos fue la piscina. Fue el resultado de muchos años de esfuerzo y de un sueño compartido.
En 2017, cuando nuestros hijos crecieron y empezaron a pasar menos tiempo en casa, sentimos que Sa Llimonera se nos quedaba un poco grande. Tuvimos la oportunidad de comprar una casa más pequeña y decidimos alquilar esta para que otras familias y grupos de amigos pudieran crear sus propias historias aquí. Nos encanta recibir a gente, y nos hace felices saber que ahora vosotros sois parte de la historia de Sa Llimonera.
Esperamos que disfrutéis de vuestra estancia y que esta casa os regale recuerdos tan especiales como los que nos ha dado a nosotros.
Nuestro equipo canino
En esta casa hemos tenido a los animales más fieles del mundo. Empezamos con dos gatos, Blanquita y París, y les siguieron dos perros, Quina y Roni (nuestro "Ronaldinho"). Después llegó la gatita Moixeta, que tuvo tres gatitos, y más tarde llegaron los tres Jack Russell: papá, mamá y bebé. Hoy, con las perritas de mis hijos, somos una gran familia. Sa Llimonera siempre ha sido un hogar lleno de vida y de ladridos y maullidos alegres.
